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Acéptese solamente que el fenómeno es un estado de conciencia que está muchas dimensiones por encima de la mente y, por eso, es imposible comprenderlo por medio de mecanismos mentales, de la lógica o de la cultura. Esas herramientas sólo serán útiles después que el fenómeno haya sido experimentado, para conceptualizarlo.
KUNDALINÍ
Kundaliní es una energía física, de naturaleza neurológica y manifestación sexual. El término es femenino, debe ser acentuado siempre y la í final es larga. Significa serpentina, aquélla que tiene la forma de una serpiente. De hecho, su apariencia es la de una energía ígnea, enroscada tres veces y media dentro del múládhára chakra, el centro de fuerza situado próximo a la base de la columna y a los órganos genitales.
Mientras está adormecida, es como si fuese una llama congelada. Es tan poderosa que el hinduismo la considera una diosa, la Madre Divina, la Shaktí Universal.
De hecho, todo depende de ella conforme su grado de actividad: la tendencia del hombre a la verticalidad, la salud del cuerpo, los poderes paranormales, la iluminación interior que lo arrebata de su condición de mamífero humano y lo catapulta en una sola vida a la meta de la evolución, sin esperar por el fatalismo de otras eventuales existencias.
Según Shivánanda, "ningún samádhi es posible sin kundaliní". Eso es lo mismo que declarar que los instructores de yoga y de Yôga que están contra el despertar de la kundaliní, no saben de qué están hablando, no saben lo que es el Yôga, y ni ellos ni sus discípulos van a alcanzar la meta del Yôga.
La energía de la kundaliní responde muy fácilmente a los estímulos. Despertarla es fácil. Una técnica respiratoria que aumente la tasa de comburente es suficiente para inflamar su poder. Un bíja mantra correctamente vocalizado es capaz de moverla. Un ásana que trabaje la base de la columna la posiciona para la subida por la médula. Una práctica de maithuna puede deflagrarla. Basta combinar las técnicas y practicarlas con regularidad.
Ya que despertar la kundaliní no es difícil, no se meta con ella mientras no tenga un Maestro. Y cuando lo haya encontrado, no la atice sin su autorización.
Difícil es conducirla con disciplina, ética y madurez. Freud y Reich intentaron domarla para fines terapéuticos. Freud la llamó libido. Reich la denominó orgonio. Como ninguno de los dos poseía la Iniciación de un Maestro en esos misterios, ambos fracasaron y dejaron a la posteridad una herencia meramente académica de teorías sobre el asunto, sin grandes resultados prácticos.
El Yôga tántrico va hasta el fondo en ese trabajo, elevando la kundaliní desde la base de la columna hasta lo alto de la cabeza, a través de los chakras, activándolos poderosamente, despertando los siddhis y provocando la eclosión del samádhi.
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